viernes, 13 de julio de 2007

1.2 EL PAPEL DEL ESTADO EN LA ECONOMÍA

1.2.1 ¿Estado Intervencionista o Estado Liberal?


El proceso de institucionalización que se impulsó, conforme se señaló en la explicación anterior, se dejo ver la participación activa del Estado. Pero ese fue el caso para los problemas políticos, ya que en estos años, el Estado también empezó a intervenir de forma más dinámica en los aspectos económicos.
No obstante, la participación económica del Estado que se dio por estos años, ha sido fuente de debates, hasta la fecha actual. La razón es que al ayudar a los aspectos
económicos, se descuidan otros como los sociales, o bien, se afecta otras variables de ese entorno económico. Tal debate permite mantener la interrogante sobre si es necesaria la participación o no, del Estado en la economía.
Para que puedas reconocer la importancia de la participación o no del Estado en la economía, es necesario que consideres lo siguiente: En la vida diaria te enfrentas a una serie de problemas prácticos y concretos como: deficiencia en transporte público y de servicios médicos, carencia de recursos para la labor educativa, escasez de vivienda, de seguridad pública y otros servicios, así como insuficiencia de empleo y fuentes de trabajo, etc. Te habrás preguntado ¿qué papel juega el Estado frente a estos problemas?, ¿es correcto que éste intervenga en la solución de todos ellos o sólo en los no propiamente económicos?
Si se considera correcta la intervención del Estado en todos los problemas que le aquejan a la sociedad–incluyendo los económicos- ¿en qué medida, y cómo participa en la solución?, ¿cómo se explica que, entre 1940-1970, el Estado haya jugado el papel de gran intervencionista y que en la actualidad se dé un fenómeno a la inversa, es decir, de no intervenir que se manifiesta a través de la fusión, venta y cierre de empresas del Estado (llamadas paraestatales), ¿es que operaban con ineficiencia?
Para que tus respuestas no se queden en el nivel de mera suposición y opinión, es necesario que accedas a información e ideas más amplias. Esto lo podrás lograr con el apoyo del presente material y con una lectura detallada de la bibliografía que aquí te recomendamos.
Para contestar las preguntas arriba expuestas, encontramos que, en el plano de la teoría, existe el debate en torno al papel que el Estado desempeña en la actividad económica. En ella se discute si el Estado de un país capitalista, debe participar o no en la economía del mismo, es decir, si debemos encontrarlo como:
a) Un agente intervencionista actuante en el mercado1 cuya función se expresa en dos sentidos: primero, como productor y comercializador de su propia producción y, segundo, como propulsor de políticas económicas que afectan a los productores privados, comerciantes y a los mismos consumidores.
b) Un Estado liberal, agente externo al mercado y a toda la economía, cuya función se restringe a vigilar el buen funcionamiento del orden social interno y a salvaguardar la defensa del país; por ejemplo:
Un caso a), en que el Estado desempeña el papel de agente actuante en materia económica, es el Estado mexicano durante los años de 1940-1970, donde se dio una profunda intervención de éste en la economía, situación que incidió, de manera directa e indirecta, en los procesos productivos y transformaciones sociales.
Un caso b), de un Estado liberal o tendente a él, es la economía mexicana de 1985 hasta 1992, periodo en el que se da un adelgazamiento en la participación del Estado en la economía; mientras en 1985 el sector paraestatal estaba constituido por 1,005 empresas, en 1987 lo estaba por 788, y de éstas 161 estaban en proceso de desincorporación mediante la venta, liquidación, fusión, extinción y transferencia; tendencia que continuó hasta 1992.´




1.2.2 Antecedentes Históricos del Debate sobre el Papel del Estado en la Economía



Hagamos un poco de historia. El debate sobre el papel del Estado en la economía, data de ciertos acontecimientos dados en el transcurso del siglo XVIII, y perdura hasta nuestros días. En lo que se podría caracterizar como la etapa final de la época feudal, se encuentra un franco enfrentamiento entre las fuerzas de la aristocracia. Por un lado, aquéllas que defendían un feudalismo en agonía, sostenían la necesidad de un Estado intervencionista (grande, fuerte y participativo), es decir, como un agente actuante en el marcado.
Por otro lado, existían las fuerzas que, sustentadas en las tesis de economistas como
Adam Smith y David Ricardo, defendían la autorregulación del mercado. Se proclamaba el laissez-faire (dejar hacer) del sujeto económico, es decir, auspiciaban el libre tránsito de bienes entre productores, vendedores y compradores, por un dejar hacer a través de la no intervención estatal. Tales medidas respondían a las necesidades de un capitalismo naciente que, en sus primeras etapas de desarrollo, vivía una libre competencia.
En el correr del siglo XIX el debate sobre el papel del Estado en la economía, se inclinó a favor de los liberales, es decir, hacia la no intervención del Estado en asuntos económicos. En tales tiempos se sostenía teóricamente que el mercado era capaz de regularse a sí mismo, afirmando que toda producción genera su propia demanda, es decir, que todo lo que se llega a producir se consume.
No obstante, al inicio del siglo XX la posición de los liberales se vio fuertemente golpeada, debido a las crisis que afectaron al capitalismo a nivel mundial. El hecho provocó que el debate –nivel teórico-, y las decisiones económicas de los países capitalistas, –nivel práctico-, se dieran a favor de la intervención del Estado en la economía.
Dicha intervención no a la manera feudal como se expresó en el siglo XVIII, sino con marcadas diferencias, sobre todo, por que se busca restarle fuerza y poder al sistema de mercado, que se había transformado de libre a monopólico.
Es a raíz de la crisis de 1929, y su consecuente depresión en los años treinta, que algunos economistas comenzaron a explicarse el fenómeno como superable. No desde una postura que concibe las crisis económicas como inmanejables, y que conllevarían al fin del sistema capitalista, sino tratando de ofrecer soluciones a éstas para dar durabilidad al capitalismo.
El iniciador de esta nueva postura fue el economista Maynard Keynes, quien planteó como imprescindible la participación del Estado en la economía. Las políticas económicas dirigidas por el Estado, que atacaran el desempleo, subconsumo y la baja inversión privada, permitirían aminorar los efectos de la crisis. Postura que predominó desde 1930 hasta la década de los setenta en los principales países capitalistas. Pero, ¿qué pasa ahora a finales del siglo XX?, ¿hacia a dónde se inclina el debate en los años ochenta y noventa de este siglo? Actualmente continúa entre los intelectuales el debate sobre la intervención del Estado en la economía, el cual trasciende del plano teórico al práctico, dándose la pugna entre los empresarios y las esferas de decisión gubernamental.
Los que se inclinan a favor del Estado intervencionista, argumentan que éste es necesario para realizar los ajustes a nivel global, como un agente capaz de gestar y desarrollar iniciativas a largo plazo entre los diferentes actores sociales y económicos.
Se busca expandir o contraer la demanda del país, fomentar el desarrollo y crecimiento económico, redefinir la distribución del ingreso nacional, las relaciones de eficacia gubernamental y de democratización.
También consideran necesario al Estado, como productor y comercializador para generar fuentes de empleo, redefinir la redistribución del ingreso, e invertir en los renglones que no son atractivos para la empresa privada. Tal es el caso de la infraestructura, y de la generación de producción de energéticos, entre otros, los cuales no obstante, les beneficia a estos señores empresarios privados.
Los que se van por la línea de la no intervención gubernamental en la economía, argumentan que ni con la política económica ni con su participación directa, puede impulsar la estabilidad y crecimiento económico de un país. Consideran que sólo las fuerzas del marcado son las que logran la autorregulación y, por lo tanto, los otros objetivos. Más aun, los defensores de esta línea, sostienen que la intervención estatal conduce a consecuencias adversas como son la inflación y el endeudamiento –interno y externo-, por mantener gastos no financiados con suficientes ingresos. Igualmente señalan, que la industria paraestatal, en algunos casos, compite con la iniciativa privada, generando inversiones innecesarias.